Los clérigos, con sus sermones en las misas, sus visitas a enfermos, sus creaciones de cadenas de radio, televisión y prensa escrita, hacen política. Las buenas gentes, que montan un "rastrillo" o depositan sus ayudas en el aparato de la caridad vaticanista, hacen política.
Los que se manifiestan en las calles y despotrican contra la política de los políticos, también hacen política.
Los bancos con sus créditos, sus hipotecas, sus usuras, sus desahucios y su perdón de deudas a partidos políticos, hacen política. Los neo-nazis y los neo-fascistas; los anarquistas, los comunistas, los socialistas, los centristas y los "apolíticos", también hacen política.
No sé..., debió haber un momento en que alguien nos manipuló en nuestros adentros para que confundiéramos política con ideología, con partidismo, con sectarismo o con no sé cuántas más cosas.
Cuentan que una de las personas que más ejerció la política para sumir a los españoles en una negra y larguísima dictadura, un buen día, allá por los años 50 del siglo 20, aconsejaba a uno de sus ministros de esta manera beatífica y paternal: «Usted haga como yo: no se meta en política».
Tú, hijo mío, no te molestes ni te ofendas si te acusan de político. De que haces política. Piensa que cuando alguien te acuse de que estás haciendo política, en el fondo, en el fondo, lo que intenta decirte es que eres un izquierdoso de mierdas.
Aquí nos hemos llegado a creer que los de derechas, las gentes "de orden", los "bienpensantes" y los que están metidos en alguna religión, no son políticos. No hacen política. ¡Já!





