La huelga es una guerra pacífica que se desarrolla en los países con algún talante democrático, principalmente. Tiene mucho paralelismo con la guerra propiamente dicha.

Pudiéramos establecer algún grado de paralelismos ente los siguientes conceptos:
Huelguistas = Ejército
Piquetes = Comandos de vanguardia
Esquiroles = Desertores
Sindicalistas = Mandos militares
El artículo 28.2. de la Constitución Española dice:
Se reconoce el derecho a la huelga de los trabajadores para la defensa de sus intereses. La Ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad.
Pero lo cierto es que no se ha llevado a cabo su desarrollo mediante ley orgánica (pese a algunos destacados esfuerzos como el frustrado proyecto legislativo de 1992) y todo lo legal en esta materia, está avalado por el Real Decreto-ley 17/1977, de 4 de marzo, sobre Relaciones de Trabajo.
En el capítulo I, refiriéndose a
la huelga dice el mencionado Real Decreto:
Artículo 6. 4. Se respetará la libertad de trabajo de aquellos trabajadores que no quisieran sumarse a la huelga.
El derecho de huelga fue reconocido por primera vez en 1864, en Inglaterra, y constituye en la actualidad uno de los derechos inalienables del hombre reconocidos por la ONU y gran número de países.
La primera huelga de que se tiene noticia es del antiguo Egipto durante el reinado de Ramsés III. Un de las huelgas que han pasado a la historia es la de 1886 en Chicago, por la jornada laboral diaria de las 8 horas.
Todo esto de la huelga tiene una cierta gracia. Las huelgas de asalariados sólo tiene razón de ser si esos asalariados son controladores aéreos, pilotos de aviones y otros tipos de trabajadores en que el empleador sea el estado o entidades de autoridad difuminada. Las huelgas obreras, en general, son de pena.
En principio, a todo trabajador asalariado le presiona muchísimo más el empleador y su entorno que la presión que puedan ejercer los piquetes informativos.
Por lo tanto, en la práctica, resulta muchísimo mejor "pagado" ser esquirol que huelguista. Además de las presiones, sutilezas y venganzas que el empleador ejerce sobre "sus huelguistas" está la policía y quien los manda. Estos, como todo poder, ejercen un talante inconfundiblemente de derechas, y para ellos, merece más comprensión, más respeto y protección el trabajador esquirol que el trabajador en huelga.
Me parece muy bien que se respete y se proteja a todo trabajador que no quiere participar en una huelga. Pero para que ese respeto fuera digno, comprensible y defendible, el Real Decreto-ley 17/1977, arriba mencionado, debiera contener el siguiente añadido. En el capítulo I, artículo 6. 4. debiera decir:
Se respetará la libertad de trabajo de aquellos trabajadores que no quisieran sumarse a la huelga siempre que de los beneficios obtenidos por los huelguistas no participen los trabajadores que no secundaron la huelga.¡¡¡Ah, sí, entonces
SÍ!!! ¡Así cualquiera...!
Entonces sí se puede ser comprensivo, respetuoso y defensor del esquirolado. Así yo también me quitaría la gorra ante los esquiroles y les tendería un puente de plata entre la entrada a la empresa y su respetado puesto de trabajo, en el día de la huelga. Pero ese añadido que yo hago a ese artículo no colará, ¿verdad?
El lado de los huelguistas sólo cuenta con la débil presión que puedan ejercer los piquetes informativos. Es una presión muy leve en comparación con las presiones que presionan otros presionadores en sentido contrario.
Los piquetes informativos informan, pero nada más. Al trabajador esquirol poco le importa lo que le informen los piquetes informativos; frente a la vergüenza que puedan pasar al pasar delante del piquete, está la satisfacción que experimentan al hacerse agradables a los ojos del empleador. Cuando la huelga se hace para conseguir (aunque sea) diez céntimos más en el sueldo, los esquiroles no pasan ninguna vergüenza al cobrar el aumento si acaso los huelguistas con su huelga, consiguieron arrancárselas al empleador.
Pero pobre de aquel piquete informativo que intente ir un poco más lejos. La única violencia que se les tolera a los piquetes informativos es la violencia verbal. Por llamar esquirol al esquirol o por mentar a alguno de sus familiares más queridos, no le suele pasar nada, aunque casi todos lo vemos un poquito feo. ¿Qué hacer, pues, con el esquirol? Más apropiado sería decirlo en plural. Porque suele ser una plaga que en algunas huelgas, hacen fracasar la propia huelga.
Yo, las pocas huelgas que conozco y en las que he ejercido algún tipo de protagonismo, fueron en una empresa multinacional de fabricación de telefonía y electrónica. En aquellas huelgas yo siempre estuve del lado de los huelguistas. Y para evitar que los esquiroles entraran al trabajo, hacíamos un gran tapón humano delante de las puertas de entradas a la fábrica; pero enseguida venían los policías y con su talante claramente ladeado al esquirol, nos obligaban a abrirles un hueco para que entraran a trabajar. Si por las buenas no facilitábamos la entrada a los esquiroles, los policías, con sus armas blancas, nos daban una lección magistral para indicarnos de qué lado estaban ellos situados.
Luego, cuando he visto huelgas y protestas de esos cuerpos policiales que se manifestaban vestidos con sus uniformes, sus tricornios y todos sus avíos, me hizo una triste gracia. Triste gracia, sí, porque pensaba para mis adentros: «Ahora tendríamos que hacer los obreros con ellos, lo mismo que ellos hacen siempre con nosotros». Bueno, nada; eso es una estúpida utopía.
Yo creo que cuando hay un huelga, sea de obreros o de policías, nadie debiera estar legitimado para reventar esa huelga invocando otros derechos que el resto del año todos debiéramos defender con ardor y tener muy en cuenta.
En el símil que he establecido de huelga = guerra (bueno..., vale..., sí..., ya sé que es un poquito exagerado) al desertor = esquirol, el capitán que manda la tropa se lo expresa con claridad meridiana. Y ahí termina el desertor su deserción.
Pero no hay que exagerar. Una huelga nunca será tan terrible ni tan violenta como una guerra.
Yo, las pocas huelgas que conozco y en las que he ejercido algún tipo de protagonismo, he podido ver que esto de la huelga parece sólo obligado para los trabajadores de más baja cualificación. En cuanto a grados algo más arriba, en cuanto el trabajador tenía algún tipo de mando por pequeño que fuera, como capataces, jefes de grupo y trabajadores con cargos similares que reparte a dedo el empleador, parece ser que todos entendíamos de alguna manera que con esos no iba la huelga y que no pasaba nada con dejarlos entrar al trabajo. No parece que, en general, nos sintiéramos muy ofendidos con esa pléyade de carguitos laborales que un día de huelga se la saltaban a la torera. ¡¡Qué gracia, ¿noo?!! Sólo arremetíamos contra el esquirol de las escala laboral más baja.
Pero quizás, todas las huelgas no son tan "sacrosantas" como pudieran parecer en principio. Están las huelgas de celo y las huelgas encubiertas y disimuladas de los pilotos y los controladores de vuelo, que seguramente no ven con buenos ojos nada más que ellos: los que las hacen. El resto de la ciudadanía las sufre porque interpreta que es una gran patada al gobierno en el culo de miles de ciudadanos.
Luego están las graciosas «huelgas a la japonesa» que de huelga, propiamente dicha, tienen bien poco, más bien nada.
Pero recientemente hemos sido testigos en España de la huelga de hambre que ha mantenido durante 32 días una mujer de El Aiún, ciudad del antiguo Sahara español. Cuando hemos visto la huelga heroica de esa mujer y los resultados que con ella ha conseguido, todos aplaudimos su proeza y el pensamiento se nos va al Mahatma Gandi, que con su huelga de hambre logró la independencia de la India de las garras del imperio británico.
Por lo que puedo comprobar, la mejor huelga es la que hace uno mismo; la huelga de hambre. En la huelga que cada individuo puede hacer contra su propia vida o por lo menos, contra su propia salud, no caben los esquiroles ni los piquetes informativos ni los policías, siempre tan neutrales.
Pero..., ¡ojo!, no sublimemos demasiado eso de las huelgas de hambre de los individuos. Quizás, de esas posturas tan heroicas, alguien pudiera encontrar un cierto parentesco con camicaces o con terroristas suicidas.
¡Ay, las huelgas! Esto de las huelgas da para mucho rato.
¿Qué opináis?