lunes, 22 de abril de 2019

Tío Alberto

Tío Alberto" es una canción de Joan Manel Serrat. Unas de las muchísimas y preciosas canciones que creó el noi del Poble Sec.
Cuando la oí por primera vez me impactó gratamente. Es sencilla y bonita de música. Algo más enrevesada de letra...
Y desde ese mismo instante me intrigó el título.
"¿Quién será ese tío Alberto?", me dije para mis adentros. Me lo repetía contínuamente y no daba con la pista hasta que un día, un amigo me dijo que era una canción dedicada al tío Alberto (Alberto Muñiz Sánchez, nacido en León en el 1938; fundador de la Ciudad de los Muchachos en Leganés).

Gitano o payo pudo ser
o un aristócrata que ayer
perdió su cetro de oro y su corona,
camina sobre el bien y el mal
con la cadencia de su vals
mitad juicio y mitad mueca burlona.

Pues sí, esos primeros versos cuadraban a la perfección con el tío Alberto el de la Ciudad de los Muchachos de Leganés. Hombre morenazo que bien podía pasar por gitano. Lo de perder el cetro y la corona lo achaqué más bien a los imperativos de la poesía.

Tío Alberto, Tío Alberto,
cató de todos los vinos
anduvo por mil caminos
y atracó de puerto en puerto,
entre la ruina y la riqueza
entre mentiras y promesas
aún sabe sonreír
Tío Alberto.

Pero algo dentro de mí me decía que no casaba totalmente esa letra con el benefactor de Leganés.
Un día comentaba con otro amigo y le decía: "No entiendo esa alusión que hace la canción a lo de que le concedieron la Orden de la Legón de Honor los de la República Francesa".

Da todo lo que puede dar
su casa está de par en par
quien quiere entrar, tiene un plato en la mesa,
pero no os cambia el cielo por
la Orden de la Legión de Honor
que le dio la República Francesa.

Entonces, mi interlocutor, que parecía estar muy puesto en todo esto y muy seguro de lo que decía, me explicó que el tío Alberto, en un río español de por aquí, por Castilla, salvó a un niño francés de ser ahogado y por eso le premió la república francesa.

Ya, más conforme, seguí embebido en la bonita canción hasta que un buen día, muchos años después, por casualidad me enteré de quién era el verdadero Tío Alberto de la canción de Serrat.

Tío Alberto
aún tiembla con los motores
las muchachas y las flores
con Vivaldi y el flamenco;
tiene de un niño la ternura
y de un poeta la locura
y aún cree en el amor,
Tío Alberto.

Resulta que ese personaje existió realmente pero no era de Leganés ni de León, sino que nació en Barcelona el 31 de enero de 1908, se llamaba Alberto Puig Palau y luchó en el bando franquita de la guerra civil y después pasó a ayudar a los anarquistas y gitanos de Barcelona. Fueron los gitanos, precisamente, los que le aplicaron el apelativo cariñoso de "tío".

Después colaboró en Francia con la Resistencia Francesa, en plena ocupación de los nazis, lo que le valió que le otorgaran el destacado galardón de la Orden de la Legión de Honor.

Por ti balsea en re bemol
agradecido el tibio sol
de este otoño que hiciste primavera,
el vaso de mi juventud
yo lo levanto a tu salud
rey del país del sueño y la quimera.

Y ya por fin todo me encajaba en la canción. Muy aficionado a las carreras de motos y de coches (sufrió dos accidentes de moto en Francia).
Muy aficionado también a las mujeres. Tuvo un romance, —entre otros muchos— con la actriz mexicana Dolores del Río.
También se relacionó con Ava Gadner cuando vino a Cataluña al rodaje de la película "Pandora y el holandés errante". Se cuenta que fue él el que influyó para que se rodara aquí aquella película.

Dentro del mundillo del cine se relacionó con el cineasta español Edgar Neville y con el director de cine Gonzalo Suárez el cual le hizo representar un papelito secundario en la película "Ditirambo".
Fue también un buen benefactor de artistas de varios estilos, y ahí es donde Joan Manel Serrat, agradecido, le compuso la bonita canción en ritmo de vals peruano.

Tío Alberto
qué suerte tienes cochino
en el final del camino
te esperó la sombra fresca
de una piel dulce de veinte años
donde olvidar los desengaños
de diez lustros de amor, Tío Alberto.

El mecenas catalán Alberto Puig Palau. Gracias Serrat.
¿No es verdad que es como un bonito cuento romántico?
Pues eso mismo opino yo...

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