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Artificio de Juanelo

JUANELO TURRIANO se cree que nació hacia el año 1.500 en un pueblo cercano a la ciudad de Cremona, en la Lombardía, (ITALIA). En el año 1529 llegó a España y a Toledo llegó en el año 1934. Su oficio de relojero, lo puso al servicio del emperador Carlos V.

Poca gente conoce que Juanelo Turriano fue uno de los pioneros en crear un complejo sistema de subida de aguas salvando una altura de más de 100 metros.
Su verdadero nombre era Giovanni Torriano, pero era conocido como Gianello o Janello, que en España derivó en Juanello o Juanelo, apodo que le hizo famoso.

Juanelo, junto con “El Greco” es uno de los personajes renacentistas toledanos que destacaron y han llegado hasta nosotros. Ambos no eran toledanos, ni siquiera españoles de nacimiento, pero sus obras han perdurado hasta nosotros de forma notoria. Juanelo Turriano es un personaje íntimamente relacionado con la ciudad de Toledo.

El primer encuentro entre Carlos I y Juanelo Turriano se produjo durante la estancia del primero en Italia con motivo de la ceremonia de coronación imperial, que tuvo lugar en Bolonia en 1530. En el año 1.554, el emperador Carlos I le hizo venir desde Milán a Bruselas para que se incorporase a su servicio. Allí conocería, entre otros, a personajes como Juan de Herrera. Acompañó después al emperador en su retiro de Yuste (Cáceres) desde principios de 1.557 hasta la muerte de éste en 1.558.

Después de la muerte del emperador, los relojes y planetarios coleccionados en Yuste fueron puestos a cargo de Juanelo, quien pasó a ocupar el mismo puesto de relojero al servicio de Felipe II, obligándosele a residir en la corte, ya fuera en Madrid o en Toledo, como criado del rey.
croquis de lo que fue el ARTIFICIO DE JUANELO en Toledo

Durante la época romana se había construido un sistema de abastecimiento de agua a la antigua Toletum que consistía en lo siguiente: se recogían las aguas de los montes de Toledo en el embalse de Alcantarilla (en Mazarambroz).

Se conducía el agua por medio de un canal abierto con torres para el ajuste de niveles, hasta cruzar el Tajo por medio de un gran acueducto-sifón que llevaba el agua a un depósito —la llamada cueva de Hércules— ubicado en el centro del casco histórico de Toledo. Este acueducto fue abandonado durante la Edad Media.

El sistema de abastecimiento de agua a la ciudad de Toledo a partir del siglo XV se redujo al acarreo de los tradicionales “azacanes” (acarreadores de agua desde el río Tajo por medio de mulas, burros, etc...).

A pesar de que la ciudad de Toledo había perdido algo del esplendor de la época imperial, el impulso constructor de Felipe II y su interés por llevar agua a sus jardines del Alcázar (palacio Renacentista) iba a dar lugar a uno de los proyectos de ingeniería más espectaculares de su reinado y de todo el Renacimiento. Juanelo Turriano, su artífice, construiría un complejo y monumental mecanismo que haría que su fama se extendiera por toda Europa.

En el año 1565, Juanelo Turriano firmó un contrato con representantes del rey y de la ciudad de Toledo, en el que se comprometía a construir un mecanismo que llevara un caudal continuo de agua del Tajo (12.400 litros al día) hasta la explanada del Alcázar, que es el punto más elevado de la ciudad imperial. Por ello habría de recibir del rey 8.000 ducados al finalizar la obra y de la ciudad de Toledo una renta de 1.900 para él y sus sucesores. Juanelo presentó su proyecto mediante un modelo a pequeña escala; era enormemente original y respondía a una idea madurada desde mucho tiempo antes.

Turriano cumplió con creces, construyendo en sólo tres años el ingenio, que arrancó a funcionar el 23 de febrero de 1569, cuatro años después. Unos meses después los representantes de la corona y la ciudad procedieron oficialmente a la medición del caudal, que resultó ser superior a lo estipulado (18.600 litros al día). El éxito de Juanelo fue completo y ese mismo año se decidió hacer un nuevo ingenio exactamente igual, adosado al anterior, para el que se pidió el material necesario.

La obra de Juanelo suponía ascender el agua por un desnivel total de 105 metros y un recorrido horizontal de 300 metros, con una pendiente media del 33%. Estaba compuesto por una presa y dos ruedas motrices a nivel del río, seis estaciones intermedias y un total de 192 cangilones dispuestos en armaduras basculantes y agrupados en 24 unidades intermedias o torrecillas. El ingenio empezaba en el cauce del Tajo, donde se encontraba un azud que conducía el agua a las dos ruedas motrices de paletas. La primera movía un mecanismo tradicional que constaba de 42 cangilones que subían el agua a unos catorce metros, hasta un depósito intermedio. Cada cangilón iba provisto de un ingenioso tubo en forma de codo que actuaba como si fuera un sifón para facilitar la salida del aire cuando entraba el agua.
Con todo ello se conseguía elevar un caudal de 11,8 litros por minuto, lo que equivale a 17.000 litros de agua cada 24 horas.

Turriano corrió con los gastos de la construcción y no había recibido de la ciudad el dinero acordado cuando el ingenio comenzara a funcionar. La situación económica del ingeniero se hizo dramática, agravada por las tensiones entre los oficiales de las obras y el corregidor de Toledo, que dificultaba continuamente la provisión de materiales para el artificio.

Juanelo Turriano murió el 13 de junio de 1585 en su casa de Toledo, en la pobreza, acusado por la Santa Inquisición. Fue enterrado sin grandes honores en la iglesia del monasterio del Carmen. Sus descendientes siguieron reclamando durante años lo que se les debía por la construcción de una de las obras de ingeniería más admirables de su tiempo.

¿Cómo pagó España a este autodidacta genial haber introducido a un país tan de espaldas siempre a la ciencia en los misterios de ésta? Con la amenaza inquisitorial y la pobreza vitalicia. De morir en la hoguera lo salvó el rey Felipe II; de la indigencia postrera no lo salvó nadie. Murió longevo, toledano y alejado de la Corte. Todo un símbolo del desdén atávico de la España negra, negada para la creación y la tecnología punta. Y así nos creció el pelo.

Una réplica del artificio construida en hierro, estuvo expuesta en la EXPO'92 (Exposición Universal de Sevilla, año 1992) en el lago artificial del recinto ferial, entre los meses de abril y octubre. Funcionaba con perfección y el observador podía comprobar cómo ascendía el agua a base de los múltiples cangilones basculantes. Es este caso, la fuerza motriz era un motor eléctrico.

Una maqueta del artificio de Juanelo construida en madera, se expone actualmente en la Diputación Provincial de Toledo (Pza. de la Merced, 1).