¿Qué será lo próximo? ¿Vendrán los ultra-masculinistas a imponernos las novedosas e inventadas palabras producto del masculinismo? ¡¡Venga hombre!! Ya está bien de hacer tanto ridículo con jueza, bedela, albañila, cónsula, capataza, concursanta..., etc., etc., etc... Yo no paso por ese aro.
Y es que ahora, el ultra-feminismo influyente unido a la pintoresca progresía y a lo políticamente correcto, pone "género femenino" a palabras que por terminar en L, en Z o en E son de género neutro, común o epiceno, y son ambivalentes para ser aplicadas a hombres y mujeres. También se da la innecesaria duplicación del masculino y del femenino: “los ciudadanos y las ciudadanas / los españoles y las españolas” es un circunloquio innecesario.
El criterio básico de cualquier lengua es la economía y simplificación. Obtener la máxima comunicación con el menor esfuerzo posible, no diciendo con cuatro palabras lo que puede expresarse claramente con dos: “los ciudadanos / los españoles / los empleados”.
A lo largo de los últimos años, destacados miembros de la RAE han venido rebatiendo la actual tendencia al uso redundante del sustantivo en sus formas masculina y femenina.
Pero a pesar de eso, hoy es corriente oír hablar a los políticos y demás gentes de cualquier tendencia ideológica, de esta repetitiva y tediosa manera:
A lo largo de los últimos años, destacados miembros de la RAE han venido rebatiendo la actual tendencia al uso redundante del sustantivo en sus formas masculina y femenina.
Pero a pesar de eso, hoy es corriente oír hablar a los políticos y demás gentes de cualquier tendencia ideológica, de esta repetitiva y tediosa manera:
Los y las militantes de nuestro partido apoyan sin fisuras la decisión tomada en el Congreso de los Diputados y Diputadas por parte de nuestros y nuestras representantes, en cuanto al proyecto de ley de la reforma educativa, para que los y las escolares, junto a sus padres y madres, puedan escoger libremente el tipo de educación que deseen para sus hijos e hijas. Nosotros y nosotras en cualquiera que sea la responsabilidad que desempeñemos en nuestro partido, estamos convencidos y convencidas de que la educación escolar en los primeros años de los niños y niñas, es la herramienta más importante para orientar la personalidad de los españoles y españolas.
Sin una aceptable calidad en la enseñanza de los niños y niñas, no conseguiremos que en el futuro lleguen a ser hombres y mujeres cultos y cultas.
Estamos seguros y seguras de que las asociaciones de padres y madres de alumnos y alumnas sabrán valorar nuestro esfuerzo.
Los vascos y las vascas, los castellanomanchegos y las castellanomanchegas, los andaluces y las andaluzas y en general, todos los ciudadanos y ciudadanas del estado español, sabemos que van a tener muy en cuenta nuestros postulados en materia educativa, en el momento en que todos y todas nos pongamos delante de las urnas. A los hombres y mujeres de nuestro partido, lo que más nos preocupa es el progreso y el bienestar de todos los españoles y españolas.
Sin una aceptable calidad en la enseñanza de los niños y niñas, no conseguiremos que en el futuro lleguen a ser hombres y mujeres cultos y cultas.
Estamos seguros y seguras de que las asociaciones de padres y madres de alumnos y alumnas sabrán valorar nuestro esfuerzo.
Los vascos y las vascas, los castellanomanchegos y las castellanomanchegas, los andaluces y las andaluzas y en general, todos los ciudadanos y ciudadanas del estado español, sabemos que van a tener muy en cuenta nuestros postulados en materia educativa, en el momento en que todos y todas nos pongamos delante de las urnas. A los hombres y mujeres de nuestro partido, lo que más nos preocupa es el progreso y el bienestar de todos los españoles y españolas.
Discursos iguales a éste es raro encontrar ya que los propios dicursadores papanatas, se dan cuenta del ridículo que harían con tanta tediosa redundancia, y repiten los adjetivos y pronombres de género femenino y masculino sólo de una manera parcial. ¡Menos mal! Además de ser ridículo, repetitivo y tedioso, es injusto ya que aunque parece que esas personas que así hablan y escriben intentan ser muy neutrales y tener en cuenta al sector femenino, no le hacen ninguna justicia y si observamos con minuciosidad y neutralidad, en esa forma de hablar y escribir se trasluce la preponderancia del machismo o por lo menos, del masculinismo subyacente.
¿Por qué dicen —por este orden— "nosotros y nosotras"; "compañeros y compañeras"; "ellos y ellas"; "todos y todas"; "niños y niñas"... ?, cuando en riguroso orden alfabético de esas palabras, lo más justo, lo razonable y neutral sería decir "nosotras y nosotros"; "compañeras y compañeros"; "todas y todos"; "madres y padres" ... Ahí se ve a las claras que se trata de un falso feminismo
En el lenguaje hablado o escrito, sustituir "los funcionarios" por “los funcionarios y las funcionarias”, es grotesco, innecesario, tonto e inútil, y destroza la economía del lenguaje.
Claro queeee....., en cuestiones de orden alfabético, no cumplen esto que digo ni siquiera los diccionarios de la lengua española:
maestro, tra. (Del lat. magister, -tri).
1. adj. Dicho de una persona o de una obra: De mérito relevante entre las de su clase.
2. adj. p. us. Dicho de un irracional: adiestrado. Perro maestro / Halcón maestro.
3. m. y f. Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo.
El neutral y justo sentido del orden alfabético sin influencia ni preponderancia de lo masculino, haría las entradas de todo diccionario así:
maestra, tro. (Del lat. magister, -tri).
1. adj. Dicho de una persona o de una obra: De mérito relevante entre las de su clase.
2. adj. p. us. Dicho de una irracional: principal. Viga maestra / Canal maestra.
3. m. y f. Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo.
Los ultra-modernos, conocedores de lo tedioso, ridículo e innecesario que es hablar y escribir con tantísimas repeticiones, para no dejar de hacer alusión explícita siempre a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, los trabajadores y las trabajadoras, etc.) han 'inventado' el símbolo de la arroba (@), ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s.
1. adj. Dicho de una persona o de una obra: De mérito relevante entre las de su clase.
2. adj. p. us. Dicho de un irracional: adiestrado. Perro maestro / Halcón maestro.
3. m. y f. Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo.
El neutral y justo sentido del orden alfabético sin influencia ni preponderancia de lo masculino, haría las entradas de todo diccionario así:
maestra, tro. (Del lat. magister, -tri).
1. adj. Dicho de una persona o de una obra: De mérito relevante entre las de su clase.
2. adj. p. us. Dicho de una irracional: principal. Viga maestra / Canal maestra.
3. m. y f. Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo.
Los ultra-modernos, conocedores de lo tedioso, ridículo e innecesario que es hablar y escribir con tantísimas repeticiones, para no dejar de hacer alusión explícita siempre a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, los trabajadores y las trabajadoras, etc.) han 'inventado' el símbolo de la arroba (@), ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s.
Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico, por lo tanto, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción 'del' (de+el) sólo es válida para el masculino niño. Existe una gran confusión entre sexo y género.
El participio activo de los verbos, los adjetivos y nombres de oficios que por terminar en L, en Z o en E son de género común, ambiguo o epiceno, y son ambivalentes para aplicar a hombres y a mujeres, por eso yo creo que estas palabras terminadas en L, en Z o en E no se las debiera feminizar:
| palabras terminadas en Z alférez aprendiz atroz audaz capataz capaz eficaz feroz incapaz ineficaz infeliz juez lenguaraz locuaz montaraz portavoz precoz procaz sagaz soez suspicaz veloz voraz | palabras terminadas en L ágil albañil alguacil apóstol bedel caníbal carcamal cardenal cerril civil colosal comensal comercial concejal cónsul coronel corresponsal criminal cruel débil desleal dócil edil esquimal eventual fenomenal feudal fiel fiscal formal furriel general gentil hábil hostil imbécil industrial infiel informal inmoral inmortal intelectual inútil jovial juvenil leal liberal marcial marginal mariscal mayoral natural oficial pasional profesional púgil radical rival rural senil servicial social timonel vocal zascandil | palabras terminadas en E absorbente adolescente agente agobiante alarmante almirante ardiente aspirante atacante ayudante balbuciente cacique cadete cantante comandante combatiente comediante comerciante concursante cooperante crujiente danzante declarante delineante dependiente detective dibujante dirigente docente enseñante escribiente estudiante existente forense fraile gerente jinete gobernante ignorante independiente intérprete magnate marchante orfebre oyente paciente pedante permanente perseverante pinche ponente presidente regante residente saliente semoviente sufriente suplente traficante tratante tripulante veraneante |
El ridículo ultra-feminista, en su ansia por poner género femenino a todas esas palabras de nuestro idioma terminadas en L, en Z o en E que describen oficios y profesiones que puedan (y deban) ser desempeñados por mujeres, no nos extrañe que de esa tabla de arriba lo conviertan todo en esta de abajo:
| palabras terminadas en Z alféreza aprendiza atroza audaza capataza capaza eficaza feroza incapaza ineficaza infeliza jueza lenguaraza locuaza montaraza portavoza precoza procaza sagaza soeza suspicaza veloza voraz | palabras terminadas en L ágila albañila alguacila apóstola bedela caníbala carcamala cardenala cerrila civila colosala comensala comerciala concejala cónsula coronela corresponsala criminala cruela débila desleala dócila edila esquimala eventuala fenomenala feudala fiela fiscala formala furriela generala gentila hábila hostila imbécila industriala infiela informala inmorala inmortala intelectuala inútila joviala juvenila leala liberala marciala marginala mariscala mayorala naturala oficiala pasionala profesionala púgila radicala rivala rurala senila serviciala sociala timonela vocala zascandila | palabras terminadas en E absorbenta adolescenta agenta agobianta alarmanta almiranta ardienta aspiranta atacanta ayudanta balbucienta caciqua cadeta cantanta comandanta combatienta comedianta comercianta concursanta cooperanta crujienta danzanta declaranta delineanta dependienta detectiva dibujanta dirigenta docenta enseñanta escribienta estudianta existenta forensa fraila gerenta jineta gobernanta ignoranta independienta intérpreta magnata marchanta orfebra oyenta pacienta pedanta permanenta perseveranta pincha ponenta presidenta reganta residenta salienta semovienta sufrienta suplenta traficanta tratanta tripulanta veraneanta |
portavoza, alféreza, precoza, eficaza, locuaza, audaza, feroza, soeza, veloza y lenguaraza. Por lo que a las palabras capataza, jueza, aprendiza, rapaza, montaraza y sagaza, las entiende como correctamente escritas.
Ídem para las palabras terminadas en L. Solamente me "pita falta" en las palabras alguacila, vocala, corresponsala, fiscala, mariscala, oficiala, mayorala y liberala. Por lo tanto, da como correctamente escritas las palabras cónsula, bedela, albañila, concejala, coronela, edila, furriela y generala.
Ídem para las palabras terminadas en E. Solamente me "pita falta" en las palabras gerenta, concursanta, estudianta, aspiranta, cantanta, comedianta, danzanta, docenta, combatienta, comercianta y marchanta. Por lo tanto, da como correctamente escritas las palabras almiranta, presidenta, gobernanta, ayudanta, comandanta y dependienta.
Es curioso que denominaciones femeninas como asistenta, gobernanta o alcaldesa rebajan la categoría con relación al neutro. Un asistente puede ser alguien importante: "El doctor Marañón fue asistente a las conferencias de filosofía que impartía Ortega y Gasset."
Sin embargo, la asistenta del doctor Marañón quizá no habría podido asistir a esos cursos porque a esas horas tenía que limpiar los baños de su empleador.
Un gobernante mola más, ya que gobierna sobre un país, una región o el Banco de España, pero una gobernanta ha de conformarse con un hotel, como mucho.
Hay que admitir que el uso de la palabra y su repetición por todos los hablantes hace que se acabe olvidando su anterior significado, como ocurre con alcaldesa que antiguamente era sólo la esposa del alcalde.
Todavía no se ha oído decir a nadie cooperanta en vez de su neutro acabado en e, pero todo se andará.
Por todas estas redundancias innecesarias y ridículas, cualquier día de estos pudieran venir los ultra-masculinistas y en justa reciprocidad —también ridícula y absurda—, intentarnos colar los siguientes palabros para que todo quedara en consonancia con lo políticamente correcto y neutral:
| palabras terminadas en Z alférezo aprendizo atrozo audazo capatazo capazo eficazo ferozo incapazo ineficazo infelizo juezo lenguarazo locuazo montarazo portavozo precozo procazo sagazo soezo suspicazo velozo vorazo | palabras terminadas en L ágilo albañilo alguacilo apóstolo bedelo caníbalo carcamalo cardenalo cerrilo civilo colosalo comensalo comercialo concejalo cónsulo coronelo corresponsalo criminalo cruelo débilo deslealo dócilo edilo esquimalo eventualo fenomenalo feudalo fielo fiscalo formalo furrielo generalo gentilo hábilo hostilo imbécilo industrialo infielo informalo inmoralo inmortalo intelectualo inútilo jovialo juvenilo lealo liberalo marcialo marginalo mariscalo mayoralo naturalo oficialo pasionalo profesionalo púgilo radicalo rivalo ruralo senilo servicialo socialo timonelo vocalo zascandilo | palabras terminadas en E absorbento adolescento agento agobianto alarmanto almiranto ardiento aspiranto atacanto ayudanto balbuciento caciquo cadeto cantanto comandanto combatiento comedianto comercianto concursanto cooperanto crujiento danzanto declaranto delineanto dependiento detectivo dibujanto dirigento docento enseñanto escribiento estudianto existento forenso frailo gerento jineto gobernanto ignoranto independiento intérpreto magnato marchanto orfebro oyento paciento pedanto permanento perseveranto pincho ponento presidento reganto residento saliento semoviento sufriento suplento traficanto tratanto tripulanto veraneanto |
Si somos exquisitamente neutrales y no nos dejamos influir por la moda en el lenguaje, hemos de ver que es menos disparatado que las palabras tergiversadas que acabamos de ver, provenientes de las que originariamente son terminadas en L, en Z y en E, palabras como miembra, vástaga, retoña y otras palabras de parecidas hechuras, (ya sé que son muy discutibles) aunque yo nunca defenderé su incorporación por aquello de la economía en el hablar y en el escribir y porque miembro, vástago y retoño son adjetivos que definen a la perfección a los dos sexos siempre que lleven antepuesto el artículo el o la.
Pero al paso que vamos, pronto surgirá un movimiento masculinista que con parecidos razonamientos reivindique las palabras
arreglisto artisto atleto contratisto criminalisto cronisto culturisto cupletisto dentisto deportisto ebanisto electricisto escayolisto escolto especialisto estadisto estratego exorcisto funambulisto futbolisto guardio golfisto | lingüisto machisto maquinisto masajisto oculisto paisajisto pediatro periodisto pianisto poeto policío proyectisto psiquiatro sindicalisto taxidermisto taxisto telefonisto trompetisto turisto violinisto |
Nadie se extrañe si un día vemos escrito un relato parecido a éste:
Eva es una chica que fue la acompañanta de un conocido jugador de fútbol de origen yugoslavo. La chica en cuestión hizo de agenta secreta en el pasado conflicto bélico de la antigua Yugoslavia. Durante su estancia allí se hizo amiga de la almiranta que mandaba la fragata "Vascongadas" de la marina mercanta a la vez que era la amanta secreta de una zíngara yugoslava que se ganaba la vida como vendedora ambulanta.
Eva siempre fue una mujer arroganta que trabajaba como asistenta en casa de un militar de altísima graduación. Ella siempre fue aspiranta a entrar en el ejército pues su carácter era de mujer beligeranta y tenía una vecina que llegó al grado de comandanta en el ejército español. Cuando Eva por fin se enroló en el ejército del aire fue destinada como combatienta a Kosovo. Allí se convirtió en la ayudanta de una contralmiranta de la Armada que era la cuñada de una famosa comedianta del Teatro Español. Su hermana, que empezó siendo comercianta de una famosa cadena de tiendas de ropa para bebés, se llegó a convertir en la confidenta de una guerrillera contendienta del Ejército de Liberación de Kosovo.
Más tarde, en una emboscada sufrida por el destacamento de Eva, se la vio convalecienta en un hospital de campaña que organizó La Cruz Roja. A los pocos días se hizo amiga de una creyenta musulmana, que era contrincanta de las tropas españolas.
A causa de las secuelas de aquel atentado terrorista, Eva fue trasladada a España por un periodo de dos años. Al estar desconectada de la disciplina militar se hizo amanta de una contratanta de maquinaria agrícola. Poco duró aquella aventura amorosa porque enseguida se la vió del brazo de una conferencianta con la que hizo de contrayenta.
Nuestra Eva siempre fue una mala contribuyenta a la hacienda pública, pero a raíz de hacerse militanta primero y después dirigenta de un partido de izquierdas, hay quien asegura que se convirtió en una mujer decenta.
Luego llegó a ser debutanta como danzanta en la compañía teatral de una conocida cantanta. Luego se convirtió en demandanta de empleo como delineanta —o más bien dibujanta— de una empresa de ascensores y escaleras móviles. Allí trabó amistad con una delincuenta muy dementa y maleanta por estar enganchada y ser dependienta de la cocaína.
Eva se hizo donanta de sangre para salvar a una emigranta invidenta que se hallaba lactanta de un bebé de quince días.
Hay quien asegura que un día la vieron de manifestanta en la Puerta del Sol y allí sus conocidos la encontraron despampananta y muy reivindicativa de los derechos de las indigentas.
Con el paso del tiempo se convirtió en gobernanta de un hotel y se hizo íntima amiga de la gerenta del restaurante. Pero un día conoció a una manganta que era disidenta del sindicato y docenta en un colegio de monjas muy influyentas. También trabó cierta amistad con una marchanta de pintura que era una gran negocianta. Con el paso de los tiempos se hizo amanta de una estudianta que era hija de una fabricanta de ropa muy dominanta.
Otro día dicen que la vieron muy indecenta en el escaparate de una tienda, haciendo de clienta o de figuranta.
Eva siempre fue una mujer arroganta que trabajaba como asistenta en casa de un militar de altísima graduación. Ella siempre fue aspiranta a entrar en el ejército pues su carácter era de mujer beligeranta y tenía una vecina que llegó al grado de comandanta en el ejército español. Cuando Eva por fin se enroló en el ejército del aire fue destinada como combatienta a Kosovo. Allí se convirtió en la ayudanta de una contralmiranta de la Armada que era la cuñada de una famosa comedianta del Teatro Español. Su hermana, que empezó siendo comercianta de una famosa cadena de tiendas de ropa para bebés, se llegó a convertir en la confidenta de una guerrillera contendienta del Ejército de Liberación de Kosovo.
Más tarde, en una emboscada sufrida por el destacamento de Eva, se la vio convalecienta en un hospital de campaña que organizó La Cruz Roja. A los pocos días se hizo amiga de una creyenta musulmana, que era contrincanta de las tropas españolas.
A causa de las secuelas de aquel atentado terrorista, Eva fue trasladada a España por un periodo de dos años. Al estar desconectada de la disciplina militar se hizo amanta de una contratanta de maquinaria agrícola. Poco duró aquella aventura amorosa porque enseguida se la vió del brazo de una conferencianta con la que hizo de contrayenta.
Nuestra Eva siempre fue una mala contribuyenta a la hacienda pública, pero a raíz de hacerse militanta primero y después dirigenta de un partido de izquierdas, hay quien asegura que se convirtió en una mujer decenta.
Luego llegó a ser debutanta como danzanta en la compañía teatral de una conocida cantanta. Luego se convirtió en demandanta de empleo como delineanta —o más bien dibujanta— de una empresa de ascensores y escaleras móviles. Allí trabó amistad con una delincuenta muy dementa y maleanta por estar enganchada y ser dependienta de la cocaína.
Eva se hizo donanta de sangre para salvar a una emigranta invidenta que se hallaba lactanta de un bebé de quince días.
Hay quien asegura que un día la vieron de manifestanta en la Puerta del Sol y allí sus conocidos la encontraron despampananta y muy reivindicativa de los derechos de las indigentas.
Con el paso del tiempo se convirtió en gobernanta de un hotel y se hizo íntima amiga de la gerenta del restaurante. Pero un día conoció a una manganta que era disidenta del sindicato y docenta en un colegio de monjas muy influyentas. También trabó cierta amistad con una marchanta de pintura que era una gran negocianta. Con el paso de los tiempos se hizo amanta de una estudianta que era hija de una fabricanta de ropa muy dominanta.
Otro día dicen que la vieron muy indecenta en el escaparate de una tienda, haciendo de clienta o de figuranta.
ANEXO
Según dice el diccionario panhispánico de dudas 2005 de la RAE:
Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos:
En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas.
A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras. Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.
Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.
Formación del femenino en profesiones, cargos, títulos o actividades humanas. Aunque en el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades influyen tanto cuestiones puramente formales —la etimología, la terminación del masculino, etc.— como condicionamientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres, se pueden establecer las siguientes normas, atendiendo únicamente a criterios morfológicos:
a) Aquellos cuya forma masculina acaba en -o forman normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una -a: bombero/bombera, médico/médica, ministro/ministra, ginecólogo/ginecóloga. Hay excepciones, como piloto, modelo o testigo, que funcionan como comunes: el/la piloto, el/la modelo, el/la testigo (no debe considerarse una excepción el sustantivo reo, cuyo femenino etimológico y aún vigente en el uso es rea, aunque funcione asimismo como común: la reo). También funcionan normalmente como comunes los que proceden de acortamientos: el/la fisio, el/la otorrino. En algún caso, el femenino presenta la terminación culta -isa (del lat. -issa), por provenir directamente del femenino latino formado con este sufijo: diácono/diaconisa; y excepcionalmente hay voces que tienen dos femeninos, uno en -a y otro con la terminación -esa (variante castellana de -isa): diablo, fem. diabla o diablesa; vampiro, fem. vampira o vampiresa.
b) Los que acaban en -a funcionan en su inmensa mayoría como comunes: el/la atleta, el/la cineasta, el/la guía, el/la logopeda, el/la terapeuta, el/la pediatra. En algunos casos, por razones etimológicas, el femenino presenta la terminación culta -isa: profetisa, papisa. En el caso de poeta, existen ambas posibilidades: la poeta/poetisa. También tiene dos femeninos la voz guarda, aunque con matices significativos diversos: la guarda/guardesa. Son asimismo comunes en cuanto al género los sustantivos formados con el sufijo -ista: el/la ascensorista, el/la electricista, el/la taxista. Es excepcional el caso de modista, que a partir del masculino normal el modista ha generado el masculino regresivo modisto.
c) Los que acaban en -e tienden a funcionar como comunes, en consonancia con los adjetivos con esta misma terminación, que suelen tener una única forma (afable, alegre, pobre, inmune, etc.): el/la amanuense, el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre, el/la pinche. Algunos tienen formas femeninas específicas a través de los sufijos -esa, -isa o -ina: alcalde/alcaldesa, conde/condesa, duque/duquesa, héroe/heroína, sacerdote/sacerdotisa (aunque sacerdote también se usa como común: la sacerdote). En unos pocos casos se han generado femeninos en -a, como en jefe/jefa, sastre/sastra, cacique/cacica.
Dentro de este grupo están también los sustantivos terminados en -ante o -ente, procedentes en gran parte de participios de presente latinos, y que funcionan en su gran mayoría como comunes, en consonancia con la forma única de los adjetivos con estas mismas terminaciones (complaciente, inteligente, pedante, etc.): el/la agente, el/la conferenciante, el/la dibujante, el/la estudiante. No obstante, en algunos casos se han generalizado en el uso femeninos en -a, como clienta, dependienta o presidenta. A veces se usan ambas formas, con matices significativos diversos: la gobernante (‘mujer que dirige un país’) o la gobernanta (en una casa, un hotel o una institución, ‘mujer que tiene a su cargo el personal de servicio’).
d) Los pocos que terminan en -i o en -u funcionan también como comunes: el/la maniquí, el/la saltimbanqui, el/la gurú.
e) En cuanto a los terminados en -y, el femenino de rey es reina, mientras que los que toman modernamente esta terminación funcionan como comunes: el/la yóquey.
f) Los que acaban en -or forman el femenino añadiendo una -a: compositor/compositora, escritor/escritora, profesor/profesora, gobernador/gobernadora. En algunos casos, el femenino presenta la terminación culta -triz (del lat. -trix, -tricis), por provenir directamente de femeninos latinos formados con este sufijo: actor/actriz, emperador/emperatriz.
g) Los que acaban en -ar o -er, así como los pocos que acaban en -ir o -ur, funcionan hoy normalmente como comunes, aunque en algunos casos existen también femeninos en -esa o en -a: el/la auxiliar, el/la militar, el/la escolar (pero el juglar/la juglaresa), el/la líder (raro lideresa), el/la chofer o el/la chófer (raro choferesa), el/la ujier, el/la sumiller, el/la bachiller (raro hoy bachillera), el/la mercader (raro hoy mercadera), el/la faquir, el/la augur.
h) Los agudos acabados en -n y en -s forman normalmente el femenino añadiendo una -a: guardián/guardiana, bailarín/bailarina, anfitrión/anfitriona, guardés/guardesa, marqués/marquesa, dios/ diosa. Se exceptúan barón e histrión, cuyos femeninos se forman a través de los sufijos -esa e -isa, respectivamente: baronesa, histrionisa. También se apartan de esta regla la palabra rehén, que funciona como epiceno masculino (el rehén) o como común (el/la rehén), y la voz edecán, que es común en cuanto al género (el/la edecán). Por su parte, las palabras llanas con esta terminación funcionan como comunes: el/la barman.
i) Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes: el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz, en consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino: dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas *dócila, *brutala, *soeza, *feliza). No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.
j) Los terminados en consonantes distintas de las señaladas en los párrafos anteriores funcionan como comunes: el/la chef, el/la médium, el/la pívot. Se exceptúa la voz abad, cuyo femenino es abadesa. Es especial el caso de huésped, pues aunque hoy se prefiere su uso como común (el/la huésped), su femenino tradicional es huéspeda.
k) Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los nombres que designan grados de la escala militar: el/la cabo, el/la brigada, el/la teniente, el/la brigadier, el/la capitán, el/la coronel, el/la alférez; los sustantivos que designan por el instrumento al músico que lo toca: el/la batería, el/la corneta, el/la contrabajo; y los sustantivos compuestos que designan persona: el/la mandamás, el/la sobrecargo, un/una cazatalentos, un/una sabelotodo, un/una correveidile.
l) Cuando el nombre de una profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente; por tanto, debe decirse la primera ministra, una intérprete jurada, una detective privada, etc., y no la primera ministro, una intérprete jurado, una detective privado, etc..
4. Género de los nombres de países y ciudades. En la asignación de género a los nombres propios de países y ciudades influye sobre todo la terminación, aunque son muy frecuentes las vacilaciones. En general puede decirse que los nombres de países que terminan en -a átona concuerdan en femenino con los determinantes y adjetivos que los acompañan: «Serán los protagonistas de la Colombia del próximo siglo»; «Hizo que la vieja España pensara sobre sus colonias»; mientras que los que terminan en -a tónica o en otra vocal, así como los terminados en consonante, suelen concordar en masculino: «Para que [...] construyan juntos el Panamá del futuro»; «El México de hoy ya no es el México de hace tres años»; «La participación de Rusia en el Iraq que resultará de la guerra dependerá de si adopta una “postura constructiva” en la ONU». En lo que respecta a las ciudades, las que terminan en -a suelen concordar en femenino: «Hallado un tercer foro imperial en la Córdoba romana»; mientras que las que terminan en otra vocal o en consonante suelen concordar en masculino, aunque en todos los casos casi siempre es posible la concordancia en femenino, por influjo del género del sustantivo ciudad: «Puso como ejemplo de convivencia cultural y religiosa el Toledo medieval»; «Ya vuela [...] sobre la Toledo misteriosa»; «El Buenos Aires caótico de frenéticos muñecos con cuerda»; «Misteriosa Buenos Aires». Con el cuantificador todo antepuesto, la alternancia de género se da con todos los nombres de ciudades, independientemente de su terminación: «—¿Lo sabías tú? —Bueno, Javier, lo sabe todo Barcelona»; «Por toda Barcelona corre un rumor de llanto y de promesa». La expresión masculina «el todo + nombre de ciudad» se ha lexicalizado en países como México y España con el sentido de ‘élite social de una ciudad’: «Su pequeño bar es el lugar donde se reúne “el todo Barcelona”».
Según dice el diccionario panhispánico de dudas 2005 de la RAE:
Los sustantivos en español pueden ser masculinos o femeninos. [...]... no obstante, son muchos los casos en que existe una forma única, válida para referirse a seres de uno u otro sexo: es el caso de los llamados «sustantivos comunes en cuanto al género» y de los llamados «sustantivos epicenos». Si el referente del sustantivo es inanimado, lo normal es que sea solo masculino (cuadro, césped, día) o solo femenino (mesa, pared, libido), aunque existe un grupo de sustantivos que poseen ambos géneros, los denominados tradicionalmente «sustantivos ambiguos en cuanto al género» que son los que, designando seres animados, tienen una sola forma, la misma para los dos géneros gramaticales. En cada enunciado concreto, el género del sustantivo, que se corresponde con el sexo del referente, lo señalan los determinantes y adjetivos con variación genérica: el/la pianista; ese/esa psiquiatra; un buen/una buena profesional. Los sustantivos comunes se comportan, en este sentido, de forma análoga a los adjetivos de una sola terminación, como feliz, dócil, confortable, etc., que se aplican, sin cambiar de forma, a sustantivos tanto masculinos como femeninos: un padre/una madre feliz, un perro/una perra dócil, un sillón/una silla confortable.
Sustantivos ambiguos en cuanto al género:
Son los que, designando normalmente seres inanimados, admiten su uso en uno u otro género, sin que ello implique cambios de significado: el/la armazón, el/la dracma, el/la mar, el/la vodka. Normalmente la elección de uno u otro género va asociada a diferencias de registro o de nivel de lengua, o tiene que ver con preferencias dialectales, sectoriales o personales. No deben confundirse los sustantivos ambiguos en cuanto al género con los casos en que el empleo de una misma palabra en masculino o en femenino implica cambios de significado: el cólera (‘enfermedad’) o la cólera (‘ira’); el editorial (‘artículo de fondo no firmado’) o la editorial (‘casa editora’). De entre los sustantivos ambiguos, tan solo ánade y cobaya designan seres animados.Sustantivos ambiguos en cuanto al género:
Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos:
En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas.
A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras. Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.
Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.
Formación del femenino en profesiones, cargos, títulos o actividades humanas. Aunque en el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades influyen tanto cuestiones puramente formales —la etimología, la terminación del masculino, etc.— como condicionamientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres, se pueden establecer las siguientes normas, atendiendo únicamente a criterios morfológicos:
a) Aquellos cuya forma masculina acaba en -o forman normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una -a: bombero/bombera, médico/médica, ministro/ministra, ginecólogo/ginecóloga. Hay excepciones, como piloto, modelo o testigo, que funcionan como comunes: el/la piloto, el/la modelo, el/la testigo (no debe considerarse una excepción el sustantivo reo, cuyo femenino etimológico y aún vigente en el uso es rea, aunque funcione asimismo como común: la reo). También funcionan normalmente como comunes los que proceden de acortamientos: el/la fisio, el/la otorrino. En algún caso, el femenino presenta la terminación culta -isa (del lat. -issa), por provenir directamente del femenino latino formado con este sufijo: diácono/diaconisa; y excepcionalmente hay voces que tienen dos femeninos, uno en -a y otro con la terminación -esa (variante castellana de -isa): diablo, fem. diabla o diablesa; vampiro, fem. vampira o vampiresa.
b) Los que acaban en -a funcionan en su inmensa mayoría como comunes: el/la atleta, el/la cineasta, el/la guía, el/la logopeda, el/la terapeuta, el/la pediatra. En algunos casos, por razones etimológicas, el femenino presenta la terminación culta -isa: profetisa, papisa. En el caso de poeta, existen ambas posibilidades: la poeta/poetisa. También tiene dos femeninos la voz guarda, aunque con matices significativos diversos: la guarda/guardesa. Son asimismo comunes en cuanto al género los sustantivos formados con el sufijo -ista: el/la ascensorista, el/la electricista, el/la taxista. Es excepcional el caso de modista, que a partir del masculino normal el modista ha generado el masculino regresivo modisto.
c) Los que acaban en -e tienden a funcionar como comunes, en consonancia con los adjetivos con esta misma terminación, que suelen tener una única forma (afable, alegre, pobre, inmune, etc.): el/la amanuense, el/la cicerone, el/la conserje, el/la orfebre, el/la pinche. Algunos tienen formas femeninas específicas a través de los sufijos -esa, -isa o -ina: alcalde/alcaldesa, conde/condesa, duque/duquesa, héroe/heroína, sacerdote/sacerdotisa (aunque sacerdote también se usa como común: la sacerdote). En unos pocos casos se han generado femeninos en -a, como en jefe/jefa, sastre/sastra, cacique/cacica.
Dentro de este grupo están también los sustantivos terminados en -ante o -ente, procedentes en gran parte de participios de presente latinos, y que funcionan en su gran mayoría como comunes, en consonancia con la forma única de los adjetivos con estas mismas terminaciones (complaciente, inteligente, pedante, etc.): el/la agente, el/la conferenciante, el/la dibujante, el/la estudiante. No obstante, en algunos casos se han generalizado en el uso femeninos en -a, como clienta, dependienta o presidenta. A veces se usan ambas formas, con matices significativos diversos: la gobernante (‘mujer que dirige un país’) o la gobernanta (en una casa, un hotel o una institución, ‘mujer que tiene a su cargo el personal de servicio’).
d) Los pocos que terminan en -i o en -u funcionan también como comunes: el/la maniquí, el/la saltimbanqui, el/la gurú.
e) En cuanto a los terminados en -y, el femenino de rey es reina, mientras que los que toman modernamente esta terminación funcionan como comunes: el/la yóquey.
f) Los que acaban en -or forman el femenino añadiendo una -a: compositor/compositora, escritor/escritora, profesor/profesora, gobernador/gobernadora. En algunos casos, el femenino presenta la terminación culta -triz (del lat. -trix, -tricis), por provenir directamente de femeninos latinos formados con este sufijo: actor/actriz, emperador/emperatriz.
g) Los que acaban en -ar o -er, así como los pocos que acaban en -ir o -ur, funcionan hoy normalmente como comunes, aunque en algunos casos existen también femeninos en -esa o en -a: el/la auxiliar, el/la militar, el/la escolar (pero el juglar/la juglaresa), el/la líder (raro lideresa), el/la chofer o el/la chófer (raro choferesa), el/la ujier, el/la sumiller, el/la bachiller (raro hoy bachillera), el/la mercader (raro hoy mercadera), el/la faquir, el/la augur.
h) Los agudos acabados en -n y en -s forman normalmente el femenino añadiendo una -a: guardián/guardiana, bailarín/bailarina, anfitrión/anfitriona, guardés/guardesa, marqués/marquesa, dios/ diosa. Se exceptúan barón e histrión, cuyos femeninos se forman a través de los sufijos -esa e -isa, respectivamente: baronesa, histrionisa. También se apartan de esta regla la palabra rehén, que funciona como epiceno masculino (el rehén) o como común (el/la rehén), y la voz edecán, que es común en cuanto al género (el/la edecán). Por su parte, las palabras llanas con esta terminación funcionan como comunes: el/la barman.
i) Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes: el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz, en consonancia con los adjetivos terminados en estas mismas consonantes, que tienen, salvo poquísimas excepciones, una única forma, válida tanto para el masculino como para el femenino: dócil, brutal, soez, feliz (no existen las formas femeninas *dócila, *brutala, *soeza, *feliza). No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.
j) Los terminados en consonantes distintas de las señaladas en los párrafos anteriores funcionan como comunes: el/la chef, el/la médium, el/la pívot. Se exceptúa la voz abad, cuyo femenino es abadesa. Es especial el caso de huésped, pues aunque hoy se prefiere su uso como común (el/la huésped), su femenino tradicional es huéspeda.
k) Independientemente de su terminación, funcionan como comunes los nombres que designan grados de la escala militar: el/la cabo, el/la brigada, el/la teniente, el/la brigadier, el/la capitán, el/la coronel, el/la alférez; los sustantivos que designan por el instrumento al músico que lo toca: el/la batería, el/la corneta, el/la contrabajo; y los sustantivos compuestos que designan persona: el/la mandamás, el/la sobrecargo, un/una cazatalentos, un/una sabelotodo, un/una correveidile.
l) Cuando el nombre de una profesión o cargo está formado por un sustantivo y un adjetivo, ambos elementos deben ir en masculino o femenino dependiendo del sexo del referente; por tanto, debe decirse la primera ministra, una intérprete jurada, una detective privada, etc., y no la primera ministro, una intérprete jurado, una detective privado, etc..
4. Género de los nombres de países y ciudades. En la asignación de género a los nombres propios de países y ciudades influye sobre todo la terminación, aunque son muy frecuentes las vacilaciones. En general puede decirse que los nombres de países que terminan en -a átona concuerdan en femenino con los determinantes y adjetivos que los acompañan: «Serán los protagonistas de la Colombia del próximo siglo»; «Hizo que la vieja España pensara sobre sus colonias»; mientras que los que terminan en -a tónica o en otra vocal, así como los terminados en consonante, suelen concordar en masculino: «Para que [...] construyan juntos el Panamá del futuro»; «El México de hoy ya no es el México de hace tres años»; «La participación de Rusia en el Iraq que resultará de la guerra dependerá de si adopta una “postura constructiva” en la ONU». En lo que respecta a las ciudades, las que terminan en -a suelen concordar en femenino: «Hallado un tercer foro imperial en la Córdoba romana»; mientras que las que terminan en otra vocal o en consonante suelen concordar en masculino, aunque en todos los casos casi siempre es posible la concordancia en femenino, por influjo del género del sustantivo ciudad: «Puso como ejemplo de convivencia cultural y religiosa el Toledo medieval»; «Ya vuela [...] sobre la Toledo misteriosa»; «El Buenos Aires caótico de frenéticos muñecos con cuerda»; «Misteriosa Buenos Aires». Con el cuantificador todo antepuesto, la alternancia de género se da con todos los nombres de ciudades, independientemente de su terminación: «—¿Lo sabías tú? —Bueno, Javier, lo sabe todo Barcelona»; «Por toda Barcelona corre un rumor de llanto y de promesa». La expresión masculina «el todo + nombre de ciudad» se ha lexicalizado en países como México y España con el sentido de ‘élite social de una ciudad’: «Su pequeño bar es el lugar donde se reúne “el todo Barcelona”».

5 Comentarios:
"Balbucienta" estoy con tu gran artículo.
Tienes mucha razón Jesús.
Es un hartazgo poner en femenino palabras que son neutras, pero lo es más aún nombrar el masculino y el femenino para quedar "políticamente correcto" en el discurso.
¿Y qué me dices del movimiento de los dedos indice y corazón encogiéndolos abajo y arriba para escenificar las comillas?
Al principio pensaba que era una "pijotería", ahora, a veces, me sorprendo a mí misma haciéndolo...
Estoy preparando una entrada (otra más) sobre lo de hablarlo todo en diminutivo ¡qué cosa!
Estupenda tu entrada, la voy a copiar para pasarla a una amiga que está estudiando y le vendrá muy bien.
Saludos
Pues sí, María, eso que cuentas de los dos deditos de cada mano es otra de las cosas que se nos meten dentro sin remedio y nos hacen que estemos a la moda de las chorradas más insulsas.
El bicho humano es un mono imitador.
Saludos,
¿Te has parado a pensar que tu corrector ortográfico no te "pita falta" porque, todas esas palabras que te niegas a emplear, están ya admitidas por la RAE y, en consecuencia, aparecen en el DRAE?
Y tú, Antonio, ¿te has tomado la molestia de ver que están recogidas en el DRAE?
Y aunque así fuera, ¿qué!
No aportas nada entendible con tu comentario.
que bien que defiendan la igualdad entre hombres y mujeres... Carolina - casas en venta
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